La industria y el comercio volvieron a mostrar preocupación por la débil demanda y la falta de crédito
Los relevamientos del INDEC mostraron que la actividad y el empleo continúan bajo presión. En tanto, la escasez de pedidos y las restricciones financieras todavía impiden que el repunte se consolide.
El INDEC publicó este miércoles las encuestas de tendencia de negocios correspondientes a la industria manufacturera y a los supermercados y autoservicios mayoristas. Aunque los dos informes reflejaron comportamientos diferentes, ambos coincidieron en que la demanda insuficiente continúa siendo el principal obstáculo para la actividad.
En la industria, el indicador de confianza empresarial mejoró respecto de mayo, aunque permaneció en terreno negativo (esto ocurre cuando la cantidad de respuestas negativas de los empresarios son mayores a las positivas) y todavía se ubicó por debajo del nivel registrado un año atrás. En cambio, en supermercados y autoservicios mayoristas, el índice quedó prácticamente en equilibrio, impulsado por perspectivas más favorables para los próximos meses.
Sin embargo, esa mejora de las expectativas convivió con señales concretas de debilidad. En los dos sectores continuaron bajo presión el empleo, el acceso al crédito y la situación financiera. Además, mientras las empresas industriales anticiparon una menor presión sobre los precios, una mayor proporción de supermercados espera aplicar aumentos durante el próximo trimestre.
La industria recuperó parte del terreno perdido
El indicador de confianza empresarial de la industria manufacturera se ubicó en -17,8% en junio. De esta manera, mejoró 1,8 puntos frente a mayo, aunque quedó un punto por debajo de junio de 2025. Asimismo, desde el mínimo alcanzado en septiembre del año pasado, acumuló una recuperación de 5,4 puntos.
No obstante, la evolución reciente muestra que el repunte perdió fuerza. Luego de alcanzar en abril su mejor nivel en once meses, el indicador retrocedió en mayo y solo recuperó una parte durante junio. Por lo tanto, más que una recuperación sostenida, los últimos registros sugieren un amesetamiento en valores todavía negativos.
La principal debilidad estuvo vinculada con la falta de pedidos. En ese sentido, el 49,7% de las empresas consideró que su cartera se encontraba por debajo de lo normal, mientras que apenas el 2,7% afirmó que estaba por encima. Al mismo tiempo, el 52,1% identificó a la insuficiencia de la demanda interna como el mayor límite para aumentar la producción.
A esa restricción se sumó el deterioro de la situación empresarial y financiera. El balance sobre la situación general de las compañías fue de -23%, mientras que el acceso al crédito alcanzó -21,1%. De todos modos, esta última variable mostró una mejora respecto de los mínimos registrados durante la segunda mitad de 2025.
Los stocks de productos terminados fueron la única variable que permaneció en terreno positivo, con un balance de 3,3%. Sin embargo, lejos de reflejar una acumulación excesiva, ese resultado sugiere que las empresas ajustaron su nivel de producción a una demanda que continúa debilitada.
De cara al trimestre comprendido entre julio y septiembre, las perspectivas mostraron una recuperación parcial. El balance esperado para la producción mejoró, mientras que las exportaciones fueron la única variable con una expectativa positiva.
En contraste, no se observaron mejoras en el mercado laboral. Por consiguiente, aun cuando las empresas anticipan una estabilización de la producción, todavía no prevén que esa mejora sea suficiente para aumentar la contratación.
Por otra parte, el 30,8% de las firmas espera subir sus precios de venta, una proporción menor a la observada durante los primeros meses del año. A su vez, el 61% proyectó mantenerlos sin cambios, lo que refuerza la perspectiva de una moderación de las presiones inflacionarias en esta actividad.
Los supermercados esperan una mejora que todavía no se refleja en la actividad
En supermercados y autoservicios mayoristas, el indicador de confianza empresarial se ubicó en -0,4%, prácticamente en equilibrio. Además, el resultado representó una mejora frente a los mínimos registrados a comienzos de 2026 y se convirtió en uno de los valores más altos del año.
Sin embargo, el desempeño del índice estuvo sostenido principalmente por las expectativas, ya que la situación actual del sector continuó deteriorada. El balance de la situación comercial fue de -20,5%, el peor nivel desde 2024, mientras que la situación financiera se ubicó en -13,3%, cerca de los registros más bajos de la serie iniciada en 2020.
El acceso al crédito también siguió siendo una restricción relevante. Su balance fue de -26,5%, el resultado más negativo entre las variables analizadas, debido a que apenas el 2,4% de las empresas consideró que las condiciones de financiamiento eran favorables.
Al igual que en la industria, la demanda fue señalada como el principal obstáculo. No obstante, en este sector su peso fue todavía mayor, ya que el 61,4% de las empresas la identificó como el factor que más limitó la actividad, frente al 58,7% registrado tres meses antes.
También aumentó la incidencia de los costos laborales y financieros. En particular, el costo del financiamiento pasó de 6,7% a 9,6% en un trimestre, lo que representó el mayor crecimiento proporcional entre los factores relevados. Al mismo tiempo, disminuyó la proporción de empresas que afirmó no enfrentar restricciones, del 4% al 2,4%.
Pese a ese escenario, las perspectivas comerciales fueron favorables. El balance esperado para los próximos tres meses alcanzó 9,6%, dado que el 16,9% de las empresas anticipó una mejora y solo el 7,2% proyectó un empeoramiento.
De todas formas, ese optimismo todavía no se trasladó a decisiones concretas. Apenas el 1,2% planeó aumentar los pedidos a proveedores, mientras que el 13,3% esperaba reducirlos. Por lo tanto, las empresas prevén una mejora de las ventas, pero todavía no están dispuestas a incrementar sus compras ni a recomponer inventarios.
La misma cautela apareció en el empleo, cuyo balance esperado fue de -13,3%. Además, el 53% de las empresas anticipó aumentos en los precios de venta, por encima del 49,4% que había aplicado subas durante junio. Así, a diferencia de la industria, el canal comercial mostró una mayor presión sobre los precios que llegan al consumidor.
Una recuperación todavía limitada
En conjunto, los informes muestran una mejora de las expectativas, aunque todavía apoyada en bases frágiles. La industria comenzó a recuperarse desde niveles muy bajos, pero continúa condicionada por la falta de pedidos y no anticipa una mejora del empleo.
En supermercados, en tanto, las empresas esperan una recuperación comercial, aunque la debilidad de la demanda, el deterioro financiero y la caída de los pedidos a proveedores indican que ese optimismo todavía no se traduce en una expansión efectiva de la actividad.
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