Chile condiciona su apoyo a Argentina en la causa Malvinas: "Reino Unido ejerce la soberanía desde hace 200 años"
El ministro de Defensa chileno, Fernando Barros Tocornal, avaló el corredor marítimo entre Punta Arenas y las Malvinas y habló de la relación con Londres.
La relación entre Argentina y Chile volvió a quedar atravesada por la cuestión Malvinas luego de las declaraciones del ministro de Defensa trasandino, Fernando Barros Tocornal, quien respaldó el desarrollo de actividades comerciales entre Punta Arenas y las islas y calificó al Reino Unido como un “país amigo” que "ejerce soberanía en Malvinas hace 200 años".
Por otra parte, en las últimas horas el Gobierno del Reino Unido volvió a endurecer su posición frente al reclamo argentino por las Malvinas. El secretario de Defensa británico, Wes Streeting, afirmó que la Argentina “no tiene la capacidad de tomar las islas” y sostuvo que su país sí cuenta con los recursos necesarios para defenderlas ante una eventual escalada militar. Las declaraciones fueron realizadas en una entrevista con el diario británico The Sun.
Malvinas: las declaraciones del ministro de Defensa de Chile que incomodan a la Argentina
Los dichos del ministro chileno fueron durante una entrevista con Radio Polar, en Magallanes, en medio de la discusión por la apertura de una ruta marítima entre el sur de Chile y las Malvinas. “Chile ha señalado que apoya la pretensión argentina, su reclamo de soberanía sobre las Malvinas o Falkland; pero hay una situación de hecho: un país amigo hace 200 años ejerce soberanía”, sostuvo Barros.
Y agregó que una eventual solución debe contemplar “la voluntad e interés de las personas involucradas” y alcanzarse por el camino de la paz. "Una cosa es apoyar un reclamo frente a la posición de un país amigo, pero de acuerdo al derecho internacional, respetando la voluntad e interés de las personas involucradas y por la vía pacífica”, afirmó el titular de Defensa del gobierno de Antonio Kast.
El respaldo a la ruta Punta Arenas-Malvinas
El ministro también fue consultado específicamente por la posibilidad de desarrollar actividades comerciales entre Punta Arenas y las Islas Malvinas. Frente a ese escenario, sostuvo que Chile y la comunidad de Magallanes tienen derecho a desarrollar actividades comerciales dentro del marco legal y afirmó que no veía inconvenientes en que esas operaciones se concreten.
La definición se produce mientras continúa el debate en Magallanes sobre la creación de un corredor marítimo con las islas. El proyecto fue impulsado por autoridades locales y sectores empresariales de la región, que plantean ampliar los vínculos comerciales y logísticos con el archipiélago.
Radio Polar ya había informado durante septiembre sobre el respaldo del alcalde de Punta Arenas, Claudio Radonich, a una apertura comercial con las islas y sobre la discusión en torno a una eventual ruta hacia Puerto Stanley.
Qué dice el Mercosur sobre Malvinas
Las declaraciones del ministro chileno deben leerse en un contexto regional en el que Chile continúa suscribiendo documentos del Mercosur que respaldan los derechos argentinos en la disputa de soberanía.
En junio de 2026, durante la cumbre del bloque en Asunción, el presidente José Antonio Kast participó de la declaración especial sobre Malvinas. El documento reafirmó los términos de la declaración de 1996 y reiteró el respaldo a los “legítimos derechos” de la Argentina en la disputa de soberanía con el Reino Unido. También señaló que las medidas unilaterales de exploración y explotación de recursos naturales en el área en controversia no son compatibles con la Resolución 31/49 de Naciones Unidas.
Por eso, las declaraciones de Barros abren un interrogante sobre el alcance que tendrá la posición expresada por el ministro en la política exterior y de defensa del gobierno de Kast, especialmente frente a una actividad comercial que involucra directamente a las islas.
La cuestión de la soberanía sobre Malvinas y la posición de Naciones Unidas
El punto más sensible de las declaraciones de Barros aparece en su referencia a la “situación de hecho” y al ejercicio de soberanía británica sobre las islas. La Resolución 2065 de la Asamblea General de Naciones Unidas, aprobada en 1965, reconoce la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido e insta a ambos gobiernos a negociar una solución pacífica, teniendo en cuenta los intereses de la población de las islas.
Documentos posteriores de Naciones Unidas también describen la expulsión de las autoridades y habitantes argentinos en 1833 y caracterizan la cuestión Malvinas como una disputa de soberanía entre ambos países.
La diferencia entre hablar de una “situación de hecho” y reconocer jurídicamente la soberanía británica resulta central en este debate. La posición oficial argentina sostiene que la presencia británica no resuelve la disputa de soberanía.
Recursos naturales, comercio y compromisos regionales
El conflicto también tiene una dimensión económica. La discusión sobre la ruta marítima ocurre en un escenario en el que existen intereses vinculados con la pesca, los hidrocarburos y otras actividades económicas en el Atlántico Sur.
La declaración del Mercosur de junio de 2026 volvió a señalar que las medidas unilaterales de exploración y explotación de recursos naturales en el área en disputa no son compatibles con las resoluciones de Naciones Unidas. Además, reconoció el derecho de la Argentina a promover acciones legales contra actividades que considere no autorizadas, siempre dentro del Derecho Internacional.
Reino Unido apuntó contra Argentina: "No tienen la capacidad de tomar las islas"
El gobierno del Reino Unido volvió a endurecer su posición frente al reclamo argentino por las Islas Malvinas. El secretario de Defensa británico, Wes Streeting, afirmó que la Argentina “no tiene la capacidad de tomar las islas” y sostuvo que su país sí cuenta con los recursos necesarios para defenderlas ante una eventual escalada militar. Las declaraciones fueron realizadas en una entrevista con el diario británico The Sun.
Streeting respondió así a las recientes declaraciones del presidente Javier Milei, quien volvió a reivindicar la soberanía argentina sobre el archipiélago y anunció medidas contra empresas petroleras que desarrollen actividades en el área en disputa. El funcionario británico sostuvo que los planteos argentinos forman parte de una posición que Londres escucha “año tras año” y aseguró que el Reino Unido mantiene su compromiso con las islas.
“Los argentinos no tienen la capacidad de tomar las islas. Gran Bretaña sí tiene la capacidad de defenderlas”, afirmó Streeting, según la entrevista difundida por The Sun. El funcionario también sostuvo que la cuestión quedó resuelta en 1982 y volvió a respaldar la posición de los habitantes de las islas, que según Londres desean mantener el vínculo con el Reino Unido.
La declaración se produjo después de que Milei renovara en las últimas semanas su reclamo de soberanía y planteara un endurecimiento de la política argentina frente a las actividades hidrocarburíferas en el archipiélago. El Presidente también anunció el envío al Congreso de un proyecto para reforzar las sanciones contra empresas que operen en la zona.
El cruce de Milei con un periodista británico sobre Malvinas
En el tramo final de su gira por Nueva York, el presidente Javier Milei señaló que Argentina trataría a los habitantes de las islas Malvinas “con dignidad y con justicia” si lograra recuperar la soberanía del archipiélago. Lo dijo durante una entrevista con Bloomberg en el Economic Club de Nueva York, un espacio que en el pasado albergó discursos de figuras como John Kennedy, Winston Churchill y Mijaíl Gorbachov, en lo que fue una de sus últimas actividades antes de regresar al país.
La presentación tuvo lugar el jueves pasado, un día después de que el mandatario reclamara ante la Asamblea General de la ONU la reanudación de negociaciones bilaterales con el Reino Unido por la soberanía del archipiélago.
Cuando fue consultado sobre lo qué haría con los aproximadamente 3.600 habitantes de las islas en caso de que Argentina lograra recuperarlas, Milei respondió con una distinción que considera central: “El pueblo originario fue desplazado por Gran Bretaña, que impuso otra población”, afirmó, y agregó que Argentina “reclama esa soberanía por geografía, por derecho y por historia”.
AMBITO.
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A un paso de la recesión: los números del INDEC desmienten el relato oficial de crecimiento
Aunque el discurso oficial celebre meses de expansión, los últimos datos oficiales confirman que la actividad productiva ya está cayendo.
Hace apenas diez días, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) publicó la evolución del Producto Bruto Interno (PBI), arrojando un dato insoslayable para los mercados y la política económica: durante el segundo trimestre del año, la economía argentina cayó un 0,6%, arrastrada por un consumo privado que retrocedió un preocupante 2,1%. A esta señal de alerta se sumó, esta misma semana, el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) correspondiente al mes de julio, el cual registró una contracción del 2,9%. Se trata de la mayor caída mensual desestacionalizada desde la parálisis provocada por la pandemia, acompañada de una baja del 1,4% en términos interanuales. Sin embargo, en el debate público persisten voces que sostienen que la economía mantiene un ciclo de crecimiento ininterrumpido. Para dirimir esta disonancia, es imperativo someter el diagnóstico al rigor de la contabilidad nacional.
Comprender con precisión quirúrgica en qué fase del ciclo económico nos encontramos es vital hoy mismo, porque un error de lectura induce a un sesgo directo en las decisiones del Estado y del sector privado. Para el hacedor de políticas públicas, la demora en captar el cambio de dirección de la economía —confundiendo un rebote sectorial o el arrastre del pasado con una expansión genuina— puede llevarlo a tomar medidas incorrectas o a reaccionar tarde ante una crisis. En un entorno donde el consumo privado ya muestra grietas severas, diagnosticar crecimiento donde hay contracción es el camino más rápido para transformar un bache de corto plazo en una recesión profunda.
El PBI y la refutación matemática de la expansión continua
En el análisis macroeconómico, el Producto Bruto Interno es la métrica universal y definitiva para cuantificar la producción total de bienes y servicios finales de un país. Al ser el indicador más amplio y exhaustivo de la matriz productiva, engloba la dinámica del consumo privado, el gasto público, la inversión de capital y el saldo del comercio exterior. Su variación porcentual entre períodos es el juez en última instancia que dictamina si una economía genera o destruye valor real.
El dato oficial de una caída del 0,6% para el segundo trimestre implica, sin eufemismos, que durante ese lapso temporal la economía se achicó. Se produjeron menos bienes y se prestaron menos servicios que en el trimestre inmediatamente anterior. Este solo dato empírico basta para desarticular la narrativa de los 28 meses de crecimiento o expansión consecutivos. Los números son concluyentes: en el segundo trimestre del año, la creación de riqueza a nivel agregado retrocedió.
El termómetro del corto plazo frente al espejo retrovisor
Ante el rezago natural en la publicación del PBI, los economistas nos apoyamos en el EMAE, un indicador que funciona como anticipo preciso de las Cuentas Nacionales. Al utilizar indicadores de alta frecuencia para estimar mensualmente la evolución de los sectores productivos, la trayectoria del EMAE a lo largo de un trimestre predice con bastante exactitud el resultado final del PBI. No obstante, la clave de su interpretación reside en distinguir qué nos dice cada una de sus tres formas de medición: la serie desestacionalizada, la variación interanual y la tendencia-ciclo.
En el análisis macroeconómico profesional, la métrica excluyente para evaluar qué está pasando en el corto plazo es la serie desestacionalizada. Esta metodología aísla y elimina los patrones estacionales recurrentes, permitiendo comparar los meses de forma homogénea. Es el monitor de la economía en el margen inmediato, el único capaz de indicarnos si hoy estamos mejor o peor que ayer.
Por su parte, la variación interanual (o serie original) mide lo sucedido en un mes contra el mismo mes del año anterior. Aunque es útil para evaluar cambios en una escala de 12 meses, su capacidad diagnóstica sobre el presente es limitada debido al "efecto base". Una economía que hace un año tocó un piso recesivo profundo puede arrojar hoy variaciones interanuales positivas por pura matemática, incluso si en el margen inmediato lleva seis meses cayendo.
Finalmente, encontramos la serie de tendencia-ciclo, diseñada exclusivamente para observar la trayectoria de mediano y largo plazo. Su cálculo aplica filtros que suavizan la volatilidad de la serie desestacionalizada. El costo de este suavizamiento es la generación de un fuerte rezago respecto al pasado. Utilizar la tendencia-ciclo para diagnosticar la coyuntura actual confunde el arrastre estadístico con la creación de valor real en el presente. Dependiendo de la inercia previa, una economía podría acumular entre tres y seis meses consecutivos de caídas reales —o incluso más, si la baja se da en forma de serrucho— antes de que la tendencia-ciclo comience a registrar un signo negativo.
Divergencia sectorial: el riesgo de una contracción asimétrica
Los datos puros del EMAE desestacionalizado exponen la gravedad del cuadro actual. En los últimos siete meses medidos, la economía cayó en cinco oportunidades (enero, febrero, abril, mayo y junio). En el acumulado del año, esta serie desestacionalizada evidencia una contracción del 4,1%.
El desplome del 2,9% en julio —el primer mes del tercer trimestre— no es un hecho aislado. Sumado a la caída ya registrada por el PBI en el segundo trimestre (0,6%), este shock deja a la economía argentina formalmente en las puertas de una recesión (caída del PBI en 2 trimestres consecutivos se considera recesión).
Si bien la cautela profesional exige esperar el desarrollo completo del trimestre ante eventuales reajustes del INDEC, los indicadores adelantados de agosto no habilitan el optimismo. Estamos presenciando una dinámica económica fuertemente dual. Por un lado, sectores de enclave ligados a la exportación, como la energía, la minería y el agro, continúan traccionando el promedio hacia arriba. Pero, por otro lado, sectores intensivos en mano de obra como la industria han profundizado su deterioro. Aún más sintomático es el comportamiento de la intermediación financiera (los bancos), que tras haber formado parte del liderazgo en el crecimiento en meses previos, exhibió una caída en julio, reflejando el enfriamiento generalizado de las transacciones y el crédito.
En síntesis, la economía no está creciendo. Así lo certifican los datos oficiales, que apuntan a que podríamos estar ingresando en una recesión al cierre del presente mes. Apelar a series estadísticas con rezago metodológico durante una fase contractiva puede resultar una herramienta útil como estrategia narrativa, pero carece de la rigurosidad que demanda el análisis macroeconómico serio. La correcta identificación de los puntos de inflexión en el ciclo exige evaluar invariablemente la dinámica a través de la serie desestacionalizada. Ignorar el corto plazo para cobijarse en el arrastre estadístico no solo distorsiona el diagnóstico sobre el verdadero estado de la economía, sino que compromete el futuro productivo del país.
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J.P. Morgan recortó fuerte su proyección de actividad económica para Argentina y anticipó una recesión en el tercer trimestre
El banco de Wall Street redujo de 2,7% a 1,5% su estimación de crecimiento para 2026 tras el desplome de la actividad en julio, que superó ampliamente sus previsiones.
La fuerte caída de la actividad económica en julio llevó a JP Morgan a revisar a la baja sus proyecciones para Argentina. El banco estadounidense redujo su estimación de crecimiento para 2026 y ahora prevé que la economía atraviese una recesión durante el tercer trimestre, luego de la contracción registrada entre abril y junio.
El cambio de escenario se produjo después de que el INDEC informara que el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) cayó 2,9% mensual desestacionalizado en julio y 1,4% interanual. Se trató de la mayor contracción mensual desde abril de 2020 y profundizó las señales de debilidad que ya había mostrado la economía durante el segundo trimestre. Chequeado
“Esperábamos un dato débil de actividad en julio, en línea con el contexto de debilidad que caracterizó al segundo trimestre. Sin embargo, la contracción informada superó ampliamente nuestra previsión de aproximadamente -1% mensual”, señaló JP Morgan en su informe.
J.P. Morgan recortó su proyección de crecimiento
La magnitud de la caída llevó al banco de Wall Street a realizar un fuerte ajuste en sus previsiones. JP Morgan ahora estima que Argentina crecerá 1,5% en 2026, frente al 2,7% que proyectaba previamente. Además, espera una contracción anualizada del 4% durante el tercer trimestre.
El deterioro de julio se produce después de que el PBI retrocediera 0,6% desestacionalizado durante el segundo trimestre. De confirmarse una nueva caída entre julio y septiembre, Argentina acumularía dos trimestres consecutivos de contracción, la definición habitual de una recesión técnica.
“La economía argentina registró su peor desempeño mensual desde el confinamiento de abril de 2020: el indicador mensual de actividad cayó 2,9% mensual desestacionalizado y 1,4% frente a julio de 2025”, destacó la entidad.
Y agregó: “Si se excluye el confinamiento de 2020, el shock financiero global de fines de 2008 y el período de estrés financiero de 2018-2019, ningún mes desde 2004 había registrado una caída mayor”.
Qué pasó con la actividad en julio
El retroceso no fue homogéneo entre los distintos sectores. En la comparación interanual, ocho de las 15 ramas relevadas registraron caídas, con el comercio (-5,1%) y la industria manufacturera (-4,6%) entre las de mayor incidencia negativa. En conjunto, ambas restaron 1,3 puntos porcentuales al EMAE.
Del otro lado, siete sectores consiguieron crecer frente a julio de 2025. Se destacaron Pesca (+424,5%), Explotación de minas y canteras (+8,4%) y Agricultura, ganadería, caza y silvicultura (+0,7%). El dato de julio dejó además a la actividad desestacionalizada en su nivel más bajo desde marzo de 2025. JP Morgan no es el único que comenzó a advertir sobre la posibilidad de una nueva contracción. Economistas privados calculan que, después del retroceso de julio, la actividad necesitaría crecer aproximadamente 6% acumulado entre agosto y septiembre para evitar que el tercer trimestre termine por debajo del segundo.
El escenario contrasta con las expectativas que tenía el mercado apenas dos meses atrás. En el REM de julio, los analistas consultados por el BCRA proyectaban una expansión desestacionalizada del 1% para el tercer trimestre, luego de estimar entonces una caída del 0,4% para el segundo. Ambito.
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